En las relaciones de pareja, es común que surjan diferencias en el deseo sexual. Esto puede generar conflictos si no se aborda de manera adecuada. Cuántas veces habré escuchado en consulta “Mi pareja se enfada porque no tengo ganas”. En contra de lo que casi todas las personas que vienen a consulta piensan, no, la mejor solución no siempre es intentar aumentar las ganas de la persona que tiene menos. ¿Te ha sorprendido? ¡Te lo cuento todo!

El deseo sexual y la conexión emocional
Cuando alguien demanda sexo constantemente, casi a diario, siempre dice estar dispuesto y el sexo es un tema central en su vida, no siempre se trata solo de deseo físico, ni es solo porque quiera sexo. Normalmente estará intentando conseguir otro tipo de cosas a través del sexo, como suplir necesidades emocionales. Y esto puede ser cariño, atención, sentirse conectado a la pareja, sentirse deseado, sentirse visto. En algunos casos el sexo puede convertirse en una herramienta para sentirse valorado, deseado o para llenar vacíos emocionales.
A veces, la demanda constante de sexo puede estar relacionada con el aburrimiento, la ansiedad, la falta de reforzadores en su vida diaria y de cosas que le hagan sentirse bien y divertirse, es decir, una vida carente de actividades que generen satisfacción personal. Cuando alguien no encuentra formas de divertirse, relajarse o sentirse pleno en su día a día, es posible que recurra al sexo como una vía para llenar esos vacíos. Este comportamiento no resuelve los problemas subyacentes, sino que los desplaza al ámbito de la relación, generando tensiones y expectativas que pueden desgastar la conexión de pareja.
La presión y sus consecuencias
La insistencia constante por parte de una pareja puede generar incomodidad y frustración en la otra. Esto puede resultar en una menor disposición a tener encuentros sexuales, ya que el deseo no florece bajo presión. Además, el enfado del otro miembro de la pareja suele estar vinculado a una sensación de rechazo, lo que intensifica el conflicto.
Reflexionar sobre las causas
Es importante analizar qué motiva la insistencia de una pareja. En muchos casos, detrás del deseo excesivo puede haber estrés, ansiedad o la búsqueda de distracciones ante problemas personales. La falta de actividades que generen satisfacción fuera de la relación puede derivar en que el sexo se convierta en una necesidad constante.
Cómo abordar el tema en pareja
En la mayoría de casos no se trata de que la persona que tenga menos ganas aumente su deseo, sino de que la persona que tiene más revise ciertas cosas de su vida y las vaya solucionando para que no tenga que suplirlas a través del sexo. Es esencial que ambas personas reflexionen sobre sus expectativas y necesidades y hablar abiertamente sobre las emociones. Buscar soluciones en conjunto puede evitar que el problema se agrave.
Sería ideal explorar nuevas formas de conexión y placer que no dependan exclusivamente del sexo, como buscar hobbies donde ocupar el tiempo, compartir actividades recreativas, practicar deportes, realizar voluntariado juntos o por separado, o incluso dedicarse a proyectos personales que aporten satisfacción. Además, practicar meditación o técnicas de relajación puede ayudar a gestionar la ansiedad y fomentar el bienestar emocional. Establecer momentos de calidad, como cocinar juntos, salir a caminar o disfrutar de una charla sin distracciones, también fortalece la conexión emocional en la relación.
La importancia de la terapia de pareja
En casos donde el conflicto persiste, acudir a terapia puede ser una excelente opción. Un profesional puede ayudar a identificar las raíces del problema, mejorar la comunicación y fomentar una vida sexual más equilibrada y satisfactoria.
Conclusión
Las diferencias en el deseo sexual no tienen que convertirse en un motivo de distancia, conflicto o ruptura. Lo importante es entender qué está pasando, hablarlo con sinceridad y buscar soluciones juntos. A veces se trata de ajustar expectativas, u otras de apoyarse mutuamente en lo que necesita cada uno, por ejemplo. Al comprender las causas detrás de la insistencia o la falta de ganas y al trabajar juntos para solucionarlas, es posible construir una relación más fuerte y saludable. Al final, lo que importa es cuidar la relación y encontrar el equilibrio que os haga sentir bien a ambos.
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